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Cinefiesta Caguas 2012

Por Alejandro Carpio - 8/8/2012

     The Men with Water Fear, de Turquía, cumple la función de ser una metáfora del poder y el abuso. Eminentemente sencilla, narra la historia de un hombre que carga a unos soldados por un río, para que no se mojen los pies. Al final, descubrimos que los soldados anteponen el ser cargados a otra cosa. La boda, de España (¿y Cuba?), gustó mucho, si hemos de creerles a los maestros de ceremonia, a pesar de tener un punchline que no le hace justicia al ingenio alegre del desarrollo de la trama. Una madre pobre hace y deshace para estar presentable en la boda de su hija: renuncia, pide prestado, se esconde, se humilla, todo para poder lucir un traje... en un locutorio, del que llama a su hija. Bueh. Mucho más delicado y brillante, Taboulé (también de España) trata sobre la confianza, pero también sobre los fetichismos del mundo moderno. La intimidad contemporánea se reduce a códigos, en este caso numéricos, con los que guardamos nuestros secretos: Taboulé establece su punto con humor y mucha ternura. Steffi Likes This, alemana, también retoza con la forma en que la tecnología domina nuestras vidas; en este caso, Facebook. También alemán, Sunflower Tango, un film animado con un final desabrido, trata sobre una bailarina fea con quien nadie quiere bailar tango, hasta que encuentra y conquista a un ladrón de diamantes y corazones. Al final, bailarina y ladrón se enamoran y renuncian al diamante; ¿los une la atracción física, el tango? ¿El desprecio a las posesiones materiales? Sobria, hermosa, desenvuelta, nationalgeographicesca, Achele apunta a la obra temprana de Zhang Yimou o puede que a las vicisitudes de los jóvenes protagonistas de buena parte de las películas iraníes. El final, desolador, áspero, sorprende por lo abrupto, pero también por lo perfecto.

     Mi santa mirada me impresionó por la naturalidad con la que los personajes se transparentaban en la pantalla. De los cortos locales, es el menos sobreactuado, por el hecho (creo) de que prescinde de actores puertorriqueños, quienes tienden a sobreactuar. Lo mismo se puede decir del siniestro El delirio del pez león, cuyas actuaciones son honestas y matizadas precisamente porque se trata de marionetas animadas por stop motion. Los jueces del festival, por supuesto, difieren, ya que galardonaron a Contéstame con "mejor actuación masculina local". El corto, filmado (to its merit) con un iPhone 4S, cuenta la historia de un hombre que le habla a un hijo que, resulta, no existe. El final anodino del director debió haberle hecho justicia a la descarga catártica del actor: resulta que no hay nadie al otro lado del lente, de la mesa, de la conversación, y que el padre le habla al viento, por alguna razón que no se nos explica. Más atroz e interesante hubiese sido que en el pullback viésemos al hijo, que sencillamente no responde; el vacío resultaba obvio desde los primeros diez segundos del corto. Bien escrita y tirada, 1/2 minuto prescinde de un final sarcástico o duro, cosa que habla bien de la intención de sus creadores. El fetichismo de la escena en que Jacobo Morales juega con la cámara (la alusión a Cinema Paradisso a fuerza del dolly que registra los parpadeos de luz que escupe la cámara dentro de la cámara) contrasta irónicamente con el hecho de que la película se filmó en digital. Con menos claridad, pero mucha más intriga, Fisura admitió más giros que la carretera que lleva a San Sebastián. La acción no transcurre en ningún país en específico, al igual que Los pensamientos de Darwin, una comedia apocalíptica (con visos de slapstick) sobre sexo y excusas. Podemos inferir tímidamente que esta última transcurre en Puerto Rico, como sucede con Gabi, cuya proporción de espacio no se coteja con la de nuestra pequeña isla: ¿tan lejos queda San Juan del interior de la isla que las familias se alejan como si océanos hubiese de por medio? Se trata de la confirmación del chiste del texto "La guagua aérea" o de una película que no está dirigida al público local.

     La bandeja de piscolabis le ofrece al comensal un surtido, del que disfrutará algunos bocados y renegará de otros. Así con los cortos. Ambos surtidos, sin embargo, me dejaron buena sensación estomacal y el deseo de volver por más.