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De junglas y mosquitos

Por Alejandro Carpio - 3/23/2012

No he leído el guion de Welcome to the Jungle, pero por lo que vi parece que se trata de una stoner movie lúcida, como las de Seth Rogen o la maravillosa Smiley Face, dirigida por Gregg Araki. Embestido por una manada de mosquitos enormes, acompañado de mi hermana (en tacos, no sé por qué), pude ver mientras grababan dos escenas en medio de una pequeña jungla, en una zona extrañísima que ni es Bayamón ni es Cataño.

     La película, filmada digitalmente a dos cámaras en 19 días, depende tanto de la improvisación como del guion. Trata de unos compañeros de oficina que, al no interactuar bien unos con otros, terminan internados en un intenso boot camp de confraternización. Un tigre y buenas dosis de droga más tarde, la trama promete cruzar Lord of the Flies y The Office con las entregas de Cheech and Chong. Entre los actores de reparto estadounidenses, reconocí a Kristen Schaal y a Adam Brody. Entre los asistentes de producción puertorriqueños, reconocí a Kemel Javis, y a Yasiri Castro.

     Director, guionista, fotógrafo y elenco llegan de afuera; el resto del crew vive en la isla. Cualquier entendedor de lo que condensa el séptimo arte se dará cuenta de que se trata de una producción mayormente puertorriqueña (la hilera interminable de técnicos y artistas que pasará al final, en los créditos, ostentará apellidos hispánicos). ¿Habrá manera de subrayar que esta industria, como todas las industrias, necesita proyectos?

     Realmente, las instituciones gubernamentales que tienen el propósito de desarrollar la economía, en nuestro caso la Corporación de Cine, no componen demasiado. Existen, guardados en gavetas y con versión electrónica flotante, unos papeles que explicitan el rol de instituciones como la Corporación de Cine y otras; estos papeles describen lo maravilloso que sería el mundo si cada cual hiciese su trabajo. La voluntad de nuestros funcionarios, no obstante, parece ir en la dirección opuesta.

     ¿Qué precio tiene el que entre Van Damme a un set de cine en un pastizal bayamonés plagado de mosquitos? Con sus 5'6" de estatura (a mí, al menos, me parecieron solo 5'6") y acento belga provoca más gracia que intimidación, cosa de la que (en esta comedia) se aprovecha él mismo, héroe, tiempo ha, de tanda sabatina. Bueno, pues el valor resulta muy obvio y se traduce en el presupuesto (pequeño, pero contante y sonante) de la película, con el cual se paga a luminotécnicos, choferes, cocineros, sonidistas, secretarios, etc., quienes a su vez pagan hipotecas, cuentas telefónicas, mensualidades de carros, compras, matrículas, impuestos etc.

     En un mundo ideal, a Van Damme no lo picarían tanto los mosquitos del pastizal bayamonés. En un mundo ideal, asimismo, la gestión de adquirir contratos y producciones vendría avalada por una Corporación de Cine diligente y no solo por productores independientes desguarnecidos. Pero en lo que alcanzamos ese mundo más cómodo y justo, Van Damme no tendrá más remedio que matarse sus mosquitos como mejor sabe (a bofetada limpia) y los productores locales tendrán que hacer de tripas corazones por empujar la industria fílmica de la isla.